MICROESPASMOS LITERARIOS

RELATOS BREVES E HIPERBREVES

Penitencia

De Enriqueta, la preferida de mi abuela, es precisamente de la que yo ya no quiero hablar nunca. Y mucho menos antes de dormirme. Porque sé que monopolizará mis pesadillas. Acechándome, clavándome los ojos desde su tribuna privilegiada. Sin pestañear ni una sola vez.
Pero mi abuela no me lo pone nada fácil. Pues cuando duermo en su casa, como hoy, ella repite metódicamente la misma ceremonia: te acuesta, te momifica entre las mantas, cuelga el rosario en el cabecero y se sienta inmovilizándote la punta de los pies. Luego lanza una mirada a la estantería que hay sobre la cama y, en lugar de hablarme de ellas, ahora se limita a suspirarme toda su pena. Luego me mira en silencio. Y como yo no digo ni pío, se levanta, apaga la luz y me deja allí, sola. Bajo los ojos desquiciados de Enriqueta, la muñeca sin párpados.

 
 

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